La verdadera historia de Papá Noel: Un regalo para los escépticos

La primera cosa que descubriremos al leer este libro es que Papá Noel no existe. La segunda es que no fue la empresa Coca-Cola la que lo vistió de rojo, contrariamente a cómo muchos pensamos. Pero si se sigue con la lectura, aprenderéis muchas anécdotas sobre el afable anciano que una vez al año comprime su abultada panza por las chimeneas de las casas para dejar regalos a los chiquillos del mundo entero.

El libro editado por Raffaele Cortina hace un año, vuelve a la actualidad en navidades y nosotros os lo proponemos por el inmenso interés que tiene este estudio traído de la mano Alfio y Michele Maggiolini, psicólogo del ciclo vital uno y antropólogo el otro. A pesar de su título, no se trata precisamente del clásico librillo navideño para niños, sino más bien como un posible aguinaldo para los adultos curiosos que se preguntan sobre el sentido de la fiesta de la Navidad y sobre el origen de la figura que ya es todo un símbolo.

Muchos de nosotros sabemos que Papá Noel procede de la figura histórica San Nicolás, objeto de ferviente culto de la iglesia, tanto ortodoxa como católica. Pero todavía no está muy claro, cómo este santo venido del Oriente (vivía en Turquía entre el siglo III y el IV y fue enterrado en Bari) se ha transformado en el paladín de las navidades más consumistas y protagonista de empalagosas películas y descarados anuncios. Los Maggiolini reconstruyen pacientemente los pasos. San Nicolás ya era venerado en vida y las leyendas asociadas a su hagiografía son muy numerosas: se le atribuyen milagros como la resurrección de niños asesinados, la sanación de inválidos y la multiplicación de los panes. Protector de los marineros, de los niños y de otras figuras desaventajadas como prostitutas y ladrones, se cuenta incluso que salvó a tres hermanas pobres de las garras de un padre déspota dándoles tres sacos con monedas de oro como dote para que pudieran encontrar marido. La particularidad de la historia viene de que la entrega se hizo a través de la chimenea.

Objeto de un importante culto, incluso en los países del Norte, San Nicolás debería sin embargo esperar a atracar en América para adquirir la notoriedad que hoy se le reconoce. Esto se produciría cuando en el 1812, el escritor Washington Irving publicó Knickerbocker’s History of New York en la que se narraba una leyenda, según la cual Nueva York habría sido fundada por colonos holandeses llegados a una playa por propia inspiración de San Nicolás (que era también el patrón de Amsterdam). El santo se le apareció en sueños a un marinero, prometiendo que si fundaban una ciudad en aquel punto regresaría cada año para traer regalos a los niños. A partir de esta leyenda coge la inspiración el pastor luterano Clement Clark Moore para escribir a los pocos años una historia en verso, A visit from Saint Nicholas, donde contaba que había sorprendido a este jovial y corpulento hombre colarse por la chimenea de su casa y llenar de regalos los calcetines tendidos para después desaparecer a bordo de un trineo volador.

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El poema tendría un extraordinario éxito y, de hecho fundó un mito, rápidamente engrandecido por las ilustraciones de los periódicos, de las postales y como no, de las estrategias de márquetin de las grandes revistas, que ya a partir del año 1880 comenzaron a pagar a figurantes que personificaran a Santa Claus para los pequeños visitantes. Coca-cola se adueñó de la figura de Santa Claus a partir de 1931, cuando el diseñador Haddon Sundblom realizó una campaña publicitaria centrada en su figura, la primera de una larga serie. Es una opinión muy extendida que los colores del traje con el que se representa hoy en día a Papá Noel, el rojo y el blanco, provienen de las latas de Coca-Cola y que se atribuya la difusión universal de esta iconografía a la importancia mediática de esta publicidad. En realidad, las tarjetas postales de finales del siglo XIX retrataban al Santo con los colores de la vestimenta cardenalicia y real y, como reconocen los autores del libro: “se trata de hecho de una coincidencia que ha reforzado tanto la imagen del producto como la del personaje”.

El porqué después la figura de Santa Claus ha sido asociada a la Navidad es para dejar salir el valor ancestral de esta fiesta, que antes de convertirse en la conmemoración cristiana del nacimiento de Jesús, era la fiesta pagana de Dies Natalis Solis Invicti con la que se celebraba la resurrección del sol y el comienzo de un nuevo ciclo natural después del punto de inflexión del solsticio de invierno. La Navidad es por ello la fiesta de la luz (a la que está unida la simbología de las velas) y de lo nuevo, o sea, de los niños. El ritual de entregar los regalos a los niños es un antiguo símbolo del traspaso de valores entre las generaciones, de lo viejo a lo nuevo y “el uso de una figura imaginaria se justifica con la necesidad de representar una función que sería una expresión del espíritu humano, de una ley universal y no de intenciones individuales”.

Desvelado su origen histórico y su mito, no se han agotado todos los interrogantes que rodean la figura este santo dadivoso: ¿Por qué los niños cuando llegan a una cierta edad creen en el mito de su existencia? ¿Por qué después dejan de creer? ¿Por qué los adultos insisten en ilusionarles? De una manera clara, documentada y sobre todo laica, los autores responden a cada pregunta, desvelando al lector la complejidad del significado de Navidad, sin prejuicios ni maldiciones contra la sociedad consumista, tantas veces presentes en publicaciones sobre este tema. Los autores dejan que el lector escoja por sí solo el sentido que quiere darle al 25 de diciembre, aunque parece que se sugiere inconscientemente que la magia de estas fiesta reside en su cualidad íntima y familiar, en aquella atmósfera de expectación que tanto contribuye a crear la leyenda de Papá Noel.

Traducción: Alberto Velasco Torres
Fuente: http://www.dubbiometodico.it/lettere-e-letture/in-libreria/194-la-vera-storia-di-babbo-natale-strenna-per-dubbiosi.html
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